Epílogo

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10 Diciembre 2015

Recuerdo abrir los ojos y ver formas confusas. No reconocía el lugar. Escuchaba algunas voces.…Yo quería echarme de nuevo a dormir, despertar de aquel mal sueño justo en el último momento que recordaba, fuera del quirófano y la mesa de operaciones. Contarle a mi padre aquellas últimas cosas…. Entre mis dudas, empecé a tener una ligera idea de que aquello podía estar realmente ocurriendo. . ´Sácame una foto…´, ´hazme fotos…´, pedí entonces., queriendo verlas inmediatamente después… Sin ningún deseo más allá de conocer si estaba dormido o despierto. No soy todavía capaz de fotografiar en sueños y mucho menos de contemplar las imágenes que fotografío. Esto debía de ser ‘real’. Lo recuerdo como un momento tremendamente revelador. Darme cuenta en aquel estado alterado de conciencia, de que hago fotografías para entender el mundo, para saber que no estoy dormido, como una necesidad. No se trata de hacer buenas o malas fotos, se trata de aferrarme a una centésima de segundo que se va y comprobar que aquello ocurrió.

23 Mayo 2016

Siento miedo. Muchas veces. Miedo al dolor, a la muerte, a la invalidez, a la soledad... Cada vez que voy a la Sala de Tratamiento siento miedo. Veo allí a gente que está horas y horas y a mí hay casi que amarrarme a la silla para aguantar algo más de 20 minutos. Se me dispara la ansiedad. Me pregunto muchas veces por qué me resulta tan difícil. No tengo efectos secundarios, ni dolor... para cualquiera seria un regalo. De acuerdo, no es el entorno más agradable, estar en una sala rodeado de otras decenas de enfermos recibiendo tratamiento donde hay un montón de máquinas que pitan, pero diría que no es para tanto.... ¿Por qué entonces lo paso tan mal? Tengo varias teorías. La primera es que la quimioterapia tiene muy mala prensa. Más que a un medicamento, siento que me expongo a un veneno, algo que contamina y perjudica a mi cuerpo. Eso es lo que a todos nos han contado que es la quimioterapia, ¿no? realizar el cambio de chip mental para pensar que recibo algo que me ayuda a sobrevivir, me es muy complicado. Mentalmente lo comprendo, pero no soy capaz de reformular las decenas de historias que hemos oído sobre el coco de la quimioterapia. Otra teoría que tengo es que entrar en una sala de tratamiento de oncología y no de acompañante, sino de acompañado, es algo que me pone de frente una realidad que la inmensa mayoría del tiempo me logro maquillar. Soy un enfermo de cáncer, como esas otras personas que están allí enchufadas a su máquina de turno. Me gustaría salir corriendo, decir ‘se equivocaron, esto no es para mí’. Pero el caso es que sí es para mí. Es el tratamiento que recibo para mi enfermedad, que no es ninguna broma. Tengo una tercera teoría que es la que más me empieza a convencer. Es jodido, amigo. Teoriza lo que quieras intentando escapar al sufrimiento, que te va a joder igual. En la vida uno se encuentra con cosas que duelen y duelen. Seguro que se puede llevar mejor, empezando por no pelear, pero parece muy difícil que se convierta en un disfrute... Así que allí me plantaré de nuevo mañana, la sexta de doce sesiones, tratando de dilucidar cuál es el misterio que una vez resuelto me permita pasearme por allí como ‘Pedro por su casa’ y me evite al salir romper a llorar.

3 Agosto 2016

Cada tarde a la caída del sol, me calzo mis zapatillas y tomo el camino que va en dirección al arroyo Herreruelo. Ignoro la sensación constante de cansancio que me acompaña y respirando profundo me dirijo hacia la pista, donde camino tranquilo, libre de las miradas de la gente. Trato de concentrarme en ir despacio, inspiro, un paso, expiro, otro paso e intento ir todo lo erguido que puedo pese al miedo a caerme. Cojo el centro del camino, ya que tengo comprobado que los pequeños desniveles a izquierda y derecha, me llevan poco a poco a perder el equilibrio y hacen que acabe tirado en el talud, tras tropezar con mis propios pies. Todavía estoy quitándome las espinas de los cardos que amortiguaron mi caída anteayer. Un paso, inspiro, otro paso, expiro. Gestiono mi fatiga como puedo, voy todo lo despacio que me permite mi cuerpo sin perder el equilibrio y no pienso en el final de mi camino, solo en los dos siguientes pasos. Me cruzo con alguna bicicleta y saludo sin dejar de mirar al frente para no estamparme contra el suelo. El camino empieza a picar algo hacia abajo y me centro en mantener el paso lento y no dejar de respirar. El paisaje se abre y veo la Pedriza al fondo, contemplo con nostalgia aquellos lugares que frecuenté tantas veces. Quién sabe, quizá algún día los vuelva a frecuentar. Con las últimas luces de la tarde, llego al banco de piedra que se ha convertido en mi meta y mi descanso. Han sido apenas 900m, pero me siento contento de haber vuelto a llegar. Tras un rato, me armo de valor para volver, mientras mi concentración se rompe al colárseme destellos de ensoñaciones donde corro y salto para sortear alguna piedra o vadear algún río, desafiando a mi equilibrio.

 

10 Diciembre 2016

“Dale duro”, no es pegar al cáncer. El cáncer es siempre el que te pega a ti. “Dale duro” es sostener... sostener no es ser un héroe, es no soltar la cuerda que te une con la vida mientras haya un ápice de fuerza para agarrarte a ella. Gimiendo, llorando, asustado. Avanza un paso si puedes... y si tienes que retroceder uno, ojalá sea para avanzar dos después. “Dale duro” es tener fe en el tratamiento y colaborar en lo posible, rehabilitar quizá con la fuerza de un ratón, pero con la mentalidad de un león. No abandonar ni una de las posibilidades a tu alcance para recuperar tu cuerpo. “Dale duro” es continuar con tu vida sin que te la robe el cáncer. Discapacitado, avergonzado al comienzo, más débil y frágil que antes.. ilusionado por crear, por aportar algo al mundo, por abrazar un día más a tus seres queridos y hablar con tus amigos. Dando gracias por vivir hoy y con ilusión por vivir mañana. “Dale duro” no es tener todos los días buenos y recibir a todo el mundo con una sonrisa. “Dale duro” es aprender a respetarte, a ser sincero contigo, a aceptar que puedes sentirte huraño, sin ganas, sin fuerzas. Pasar malas rachas confiando en que lleguen las buenas. “Dale duro” es compartir, no aislarte en un nicho de dolor y sufrimiento. Decir “me duele” cuando te duele, “no puedo” cuando sientes que no puedes. Dejarte sostener cuando ya no puedes sostenerte tú. Sacar la pena cuando te inunda el corazón y te estás ahogando en ella. “Dale duro” mientras puedas. También comprendiendo que otra gente está “dando duro” por ti. Tus médicas y enfermeros, tu familia, tus amigos y demás seres queridos. Innumerables personas que investigan para que algún día sea posible superar el cáncer sin tanto sufrimiento. Y si te cansas de '

“Darle duro”, que nadie prolongue tu sufrimiento. “Dale duro” para morir en paz cuando sientas que ya es demasiado duro. Reivindica tu derecho a recibir una muerte digna. Que nadie decida por ti... pero si le “das duro”, quizá ocurran cosas. Cosas tristes a veces, otras maravillosas. Como a todo el mundo... Quizá te cures o vivas más años de los que creías posibles. O sentirás más calor en el pecho el tiempo que te toque vivir. Un tiempo que pasa para todos y nadie conoce. Eso quiero creer. Eso aprendí de mi madre, de mi padre y de otros muchos seres queridos. Puede que me equivoque, pero ojalá el día que me toque morir (espero que dentro de mucho tiempo), se me dibuje una sonrisa en el rostro cuando me venga el pensamiento, “mira que le di duro…”.

3 Marzo 2017

Es difícil enfrentar una batalla en la que te dicen que no tienes posibilidad de vencer. Que te acompaña un mal para el que ahora no hay remedio y que tras todo el trabajo realizado, todo el dolor atravesado, no has conseguido más que una tregua que está llamada a romperse en un periodo indeterminado de tiempo. 2 años, 4, 6, 10… Encarar así la vida es duro. Rehabilito con ánimo, tratando de recuperarme en lo posible, teniendo que escuchar que mi lesión no tiene buen pronóstico, que puede mutar a algo más agresivo a raíz del propio tratamiento y borrarme del mapa en meses. Yo siempre pregunto, ¿pero en el mejor de los casos, cuánto tiempo tengo?. Nunca tengo contestación. No entienden que quiero tener una referencia a batir, unas estadísticas a pulverizar y no un promedio. No quiero escuchar la puñetera media, quiero saber como le fue al que llegó al extremo, porque yo quiero vivir con la vista puesta en llegar allí y más allá, y ser la referencia a alcanzar para los que vengan detrás, que ojalá no los hubiera. Sin saber desde luego si tendré esa suerte, pero con la mentalidad de querer lograrlo.